In-Conciencia Ecológica

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Por Rogelio Ramos

Colaboración de Mariana Leñero

¿Te has puesto a pensar alguna vez de dónde viene todo lo que consumimos? o más interesante aún, ¿en dónde termina? Creemos saber la respuesta, ya que continuamente se nos explica que todo lo que consumimos se obtiene de materia prima, y absolutamente todo acaba en la basura. Eso ya lo sabemos. Sin embargo, esta respuesta es en realidad igual de ridícula que cuando se le pregunta a un niño: “¿De dónde viene la leche?” y éste nos responde que viene del supermercado.

¿Te has puesto a pensar en todos los procesos que tiene que pasar un producto antes de que llegue a ti? En la forma en que se extrae el aceite de palma de las selvas del sureste de Asia para poder preparar la Nutella, dejando a miles de orangutanes con un hábitat destruido. O la cantidad de energía obtenida de carbón que necesitamos para hacer funcionar las máquinas que harán una hoja de papel, la cual ya fue obtenida de un árbol cortado, el cual también pertenecía a un ecosistema. Todo, absolutamente todo lo que nos rodea tiene una historia, y con ella una serie de causas y efectos que se crean simplemente para satisfacer todo tipo de necesidades humanas.

Hoy en día es imperante la necesidad por hacer algo a favor de nuestro planeta y cada vez se oyen más acciones positivas y con interés de proteger nuestro entorno. Sabemos que el calentamiento global nos lleva a un aumento de temperatura y también sabemos que, si no hacemos algo al respecto, viviremos consecuencias muy graves. Pero ¿qué podemos hacer? ¿Cómo nos salimos de este estilo de vida que parece un ciclo de consumo sin fin?

Primero que nada, debemos empezar por comprender nuestra posición en el mundo y la relación que tenemos con las otras especies que cohabitan nuestro planeta. En segundo lugar, debemos empezar a preguntarnos cómo podemos romper nuestros hábitos actuales y reemplazarlos por comportamientos que generen un efecto positivo en vez de uno negativo.

Ésta es la verdadera conciencia ecológica.

Hay muchas compañías que están haciendo intentos por ayudar al medio ambiente y combatir los efectos del consumo extremo. Haciendo más efectivas sus cadenas de producción, cambiando empaques, buscando materia reciclada para utilizarla como materia prima, entre otras. Sin embargo, ¿te has puesto a pensar qué tan útiles son estos cambios? Por ejemplo, los empaques biodegradables. Sí, se degradan en menos tiempo. Pero ¿de qué material se hacen? ¿con qué energía se fabrican y qué recursos se utilizan para lograrlo? Aún así, dicho empaque genera basura, por lo que aún hay que averiguar dónde colocarlo por medio de la gestión de residuos, ocupando un lugar en el planeta.  Además, ¿sabías que hay empresas que utilizan los términos biodegradable y degradable indistintamente? Dando un mensaje confuso y característico de la práctica Green Washing. ¿Sabes en lo que ésta consiste? Es una forma de publicidad que usan las empresas haciéndoles creer a los consumidores que están tomando acciones sustentables sin de verdad hacerlo, simplemente como estrategia de venta.

Afortunada o desafortunadamente hoy el ser verde está de moda, y dicha tendencia lleva consigo algunos pros y contras para nuestro querido planeta. Es evidente que dichas tenencias nos ayudan a volvernos más conscientes, y a dejar, por ejemplo, de usar popotes en nuestras bebidas. Sí, los popotes de metal están de moda, así disminuimos el uso de popotes de plástico, lo cual es algo muy positivo. Pero también las aplicaciones que te llevan alimentos a domicilio están de moda, y siempre que te llega a casa una deliciosa cena viene acompañada de contenedores de unicel, empaques de plástico, papel aluminio y cubiertos desechables. Temo decepcionarte, pero el popote que rechazaste ayer no ha servido de nada. Tal vez hayas adoptado la gran iniciativa de utilizar shampoo en barra para dejar de consumir un contenedor que acabará en la basura. Pero diario compras un café y el fin de semana te compras un refresco. Ambos vienen en contenedores desechables, y como sabemos acabarán en la basura.

Con estos ejemplos podemos comprender que las acciones que realizamos todos los días repercuten la calidad de nuestro futuro, y el presente de miles de personas que se ven rodeadas por nuestros desechos. Piensa por un momento todas las cosas que has consumido en tu vida y que después del uso que les correspondía, las tiraste. Todas, absolutamente todas, siguen aquí en la Tierra. En algún lugar remoto, en un tiradero de basura o en medio del océano. Ahora, vuelve a pensar en todo lo que consumes y multiplícalo por 7 mil quinientos millones de personas. Ésta es nuestra situación actual, y se espera que para fines de este siglo existan cerca de 11 mil millones de personas. (Hay que considerar que hace apenas 200 años se alcanzaron los mil millones de personas).

Y ¿crees que estamos haciendo lo suficiente para cambiarla? Que actualmente esté de moda ser “verde” es algo muy positivo, sin embargo, no podemos dejar que sea solo eso, una moda.  Tenemos que pensar qué acciones podemos dejar atrás y cuáles adoptar para verdaderamente hacer un cambio en nuestro estilo de vida, y generar tendencias nuevas que no solo nos lleven a comprar cosas distintas, sino a generar pensamientos distintos y en consecuencia una nueva forma de vivir en armonía con el planeta.

Hay claros ejemplos de que debemos hacer algo: La encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco, en que realiza una crítica al consumismo y desarrollo irresponsable y escribe a favor de una acción mundial rápida y unificada para combatir la degradación y cambio climático. El movimiento iniciado por la adolescente Greta Thunberg que llevó a tener movilizaciones en más de 150 países en que se exige tomar acciones para prevenir el cambio climático. Y muchos más.

Actualmente existen comunidades emergentes que están comenzando, por un lado, a realizar acciones que disminuyan el daño al planeta, y por otro lado a ejercer presión sobre empresas e industrias para que comiencen a generar un cambio. Como se mencionó anteriormente dichas acciones pueden llegar a ser únicamente un método de publicidad para cubrir situaciones dañinas. Es importante que como sociedad sepamos distinguirlos y a medida de lo posible podamos exigir cambios verdaderamente significativos, ya que un pequeño cambio es bueno, sin embargo, no justifica o no protege el hecho de que todavía podrían realizar cambios más profundos, alejándose más de las prácticas nocivas actuales.

Pepsico por ejemplo, ha comenzado a reducir la utilización de agua en sus fábricas, la cual es una iniciativa excelente, sin embargo dicha marca sigue vendiendo casi todos sus productos en empaques desechables, generando miles de toneladas de basura al día.

Tetrapack ha tenido la iniciativa de utilizar material reciclado para la elaboración de sus empaques, no obstante, el producto obtenido en sí sigue generando millones de empaques que se convierten en desecho después de una vida útil máxima de dos semanas.

Recientemente Bimbo anunció que a partir de octubre de 2019 reemplazará todas sus envolturas de plástico por un empaque 100% compostable. Y como estos ejemplos existen muchos más de que se están haciendo algunas acciones, pero nada radical para cambiar la expectativa del aumento global de la temperatura.

A nivel global tendríamos que seguir el ejemplo de Suecia, que debido a que se quedó sin basura, ahora tiene que importarla de Noruega. Esto parece increíble, pero es una realidad.

Por otro lado, ¿te has puesto a pensar en el gasto de hídrico que se utiliza para fabricar lo que llevas puesto? Sí, la ropa que llevamos también ha consumido y gastado más litros de los que imaginamos para que tenga el color, la forma y la textura deseada. Por medio de un estudio realizado por el Corte Inglés y por Fundación Botín, se han presentado cifras espeluznantes de la cantidad de agua utilizada en la fabricación de ropa. Dando como ejemplo la ropa de los jóvenes la cual usa alrededor de 15 mil litros de agua. En donde unos tenis de deporte necesitan 4,400 litros y un pantalón de mezclilla aproximadamente 3,000 litros.  Imaginemos cada uno de estos litros empacados en un envase común de leche. ¿Puedes visualizar la cantidad? ¡Es verdaderamente enorme!

Por último, ¿qué pasa con nuestra alimentación? Se realizó un estudio en la Universidad de California en Santa Bárbara en el que los resultados arrojaron que en Estados Unidos el sector alimentario es responsable de aproximadamente un 30% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero del país, debido al alto contenido de alimentos de origen animal.  Sin embargo se estimó que si se reduce el consumo de carne y alimentos procesados sustituyéndolos por frutas y verduras, se reduciría entre un 20% y 40% el riesgo a problemas de salud, usualmente infartos y se reduciría la producción de CO2 por persona entre 200 y 800 kg. de gases contaminantes por año y persona.

Existen miles de casos similares a los ejemplos mencionados. Las empresas y las industrias pueden hacer el intento de convencernos de la efectividad de sus cambios, sin embargo: ¿Qué tan reales son? ¿Qué tan lejos van? ¿Son iniciativas con trasfondo y objetivos profundos o únicamente buscan que la sociedad les ponga una estrellita en la frente y los felicite?  Las conclusiones del último informe GEO (Global Environment Outlook), realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, afirman que la humanidad no está caminando en la dirección correcta de acuerdo con las metas fijadas en distintos acuerdos internacionales para 2030 y 2050.  La ONU reclama que se requieren medidas urgentes, ya que “el estado general del medio ambiente ha seguido deteriorándose en todo el mundo”. (ONU). La última edición del GEO argumenta que “los avances son demasiado lentos, o incluso progresan en sentido equivocado”.  Dicha información puede confirmar que las acciones de industrias y empresas están más enfocadas en un movimiento “verde” superficial (siendo la ganancia económica lo que más desean), y no en un cambio profundo que tenga como objetivo final revertir los daños catastróficos que le hemos hecho al planeta.

Existen comunidades llamadas “verdes” o “greeners” que realizan pequeñas acciones en su vida diaria basadas en tendencias para combatir el daño al planeta. Los miembros de estas comunidades asisten usualmente a bazares y mercados ecológicos que se realizan en la ciudad, compran productos de limpieza e higiene naturales, sin prueba en animales y de origen vegano, sin utilizar envases contaminantes para su almacenamiento. También compran productos en barra evitando contenedores de plástico y suele pedir productos alimenticios a granel. Dicho movimiento va de la mano con los “Zero Waste”, aquellos que han decidido dar un paso más en sus prácticas de consumo alejando no solo aquello que tenga plástico o sea más dañino, sino todo aquello que pueda terminar en la basura. Los miembros de esta comunidad piden su café en su propio contenedor térmico metálico, su comida en un refractario, y evitan todo tipo de prácticas que generen desechos. Uno de sus grandes íconos es Lauren Singer, una bloggera que tiene más de 200 mil seguidores en Youtube y ha logrado colocar toda la basura consumida en más de un año en únicamente un Mason Jar.

Estas personas pueden estar dejando de consumir plástico, usar popotes de metal, y realizar millones de acciones más que parezcan sustentables, sin embargo ¿qué tan profundo es su cambio?, ¿Qué ropa utilizan?, ¿Qué alimentos compran? y sobre todo. ¿Se cuestionan diariamente cada uno de sus comportamientos? Ser consciente ecológicamente no es seguir moda, no es dejar de pedir popote por que me verán feo si lo hago. Es indagar, sentir y saber por qué debemos de dejar de hacer ciertas acciones y adoptar otras. Es cuestionarnos el estilo de vida que llevamos y sobre todo plantearnos algo nuevo cada día.

El verdadero cambio no saldrá de personas que siguen una moda, personas que al minuto siguiente se verán atraídos por la siguiente gran tendencia. El cambio surgirá de personas que comprendan que este movimiento deberá de sobrepasar cualquier tendencia, deberá de cuestionarnos prácticas y formas de vida que llevamos forjando durante siglos.

¿Estás preparado? ¿O te tomarás una foto con tu popote de metal para que lo subas a las redes sociales?

Referencias

https://www.guioteca.com/medio-ambiente/vuelos-en-avion-conozca-las-impactantes-cifras-de-contaminacion-que-generan/

https://elpais.com/sociedad/2019/03/12/actualidad/1552409167_549272.html

https://www.ambientum.com/ambientum/cambio-climatico/cambio-climatico-punto-de-no-retorno.asp

http://www.expansion.com/2013/04/25/empresas/distribucion/1366907722.html

https://www.ambientum.com/ambientum/cambio-climatico/hay-relacion-entre-la-alimentacion-y-el-cambio-climatico.asp

https://www.ecoembes.com/es/planeta-recicla/blog/que-emite-menos-c02-el-coche-el-tren-o-el-avion

https://www.ecoportal.net/paises/en-suecia-se-quedaron-sin-basura-de-tanto-reciclar/

http://nymag.com/intelligencer/2014/12/all-my-trash-fits-in-a-single-mason-jar.htm

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